Ruta cultural en Santa Pola, entre mar y sal

La actividad pesquera de la Bahía de Santa Pola, heredera de íberos y romanos, defiende ahora la calidad de sus productos con el distintivo “Peix de Santa Pola” que garantiza su denominación de origen

La línea defensiva costera de Santa Pola, con las torres de Escaletes y del Tamarit, y el Faro ubicado en la antigua ubicación de la Atalayola, suponen un atractivo turístico por su enorme riqueza paisajística, control visual y gran biodiversid

El Parque Natural de las Salinas de Santa Pola elegido en marzo de 2014 como “Parque del mes” en una iniciativa de la Consellería de Medio Ambiente para fomentar los parques protegidos de nuestra geografía

El municipio de Santa Pola se convierte cada verano en olla en ebullición de veraneantes de todos los puntos de la geografía española, como los vecinos ilicitanos, entre madrileños, vascos y otros tantos gentilicios. Su sol y sus playas, su gastronomía y su ritmo levantino atraen al turismo año tras año, que a pesar de la crisis no falta a la cita. Pero Santa Pola es mucho más, mucho más que sombrillas y arroces, mucho más que verbenas nocturnas en las noches de verano; Santa Pola es toda una historia. Descubre una ruta cultural por el patrimonio histórico y natural de esta localidad alicantina repartido entre sus restos arqueológicos, sus museos, sus parques naturales y sus tradiciones milenarias.

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Reloj de sol ubicado frente a la lonja de Santa Pola, en la Calle del Muelle

Con vestigios del pasado que se remontan al milenio III a.C., su primer asentamiento consolidado nos habla de un poblado íbero del siglo IV a.C., que pronto se convertiría en puerto comercial en conexión con el resto de pueblos del Mediterráneo, en lo que acabaría siendo el Portus Illicitanus, uno de los más importantes de la región –junto con el de Cartago Nova (Cartagena)- y que servía de salida y entrada marítima de la colonia romana de Illici (Elche). Y toda esta información podéis encontrarla en internet, pero ¿os gustaría verlo?

En pleno centro del pueblo levantino comenzamos nuestra ruta cultural, donde se encuentran los hallazgos arqueológicos del puerto romano de Santa Pola, en lo que hoy es el Parque del Palmeral, con una gran necrópolis también romana a su alrededor además de los restos de viviendas y almacenes de lo que sería la zona comercial y de la factoría de salazón. Entre estos vestigios se encuentra la destacada villa romana de El Palmeral, una mansión que pertenecería a una familia rica del poblado, vinculada a la actividad comercial marítima de la zona, que como no podía ser de otro modo “cuenta con un espacio dedicado al culto a los dioses, en especial a la diosa Venus, protectora da los marineros”.

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Parque de El Palmeral de Santa Pola, Avenida del Portus Illicitanus

Si nos sumergimos en este mar de palmeras, hoy preparado como zona de ocio e infantil, encontramos los fabulosos mosaicos de “teselas” (pequeños cuadrados de 1 centímetro de piedra caliza) formando creaciones de estilo geométrico, que con sus vivos colores nos trasladan a la vida de la aristocracia terrateniente del siglo IV d.C. Tal y como nos explican allí, “para las familias adineradas de la época había una gran importancia en el hecho de decorar los suelos de las habitaciones del hogar con mosaicos de mármoles y piedras de gran valor, ya que esto las distinguía entre todas las familias del poblado y de las colonias colindantes”.

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Restos de vivienda y mosaicos de la Casa Romana en el Parque de El Palmeral de Santa Pola

Un puerto milenario que sigue hoy siendo importante para la vida y economía del municipio. Abrigado por la Bahía de Santa Pola, lo que le dota de unas características especiales, sigue constituyendo uno de los puertos pesqueros principales de nuestro país. Aunque su función comercial ha destacado desde sus orígenes, cabe destacar algunos acontecimientos históricos ocurridos en él, como la salida en sus barcos de los moriscos hacia Orán tras el decreto de expulsión de Felipe III en 1609, o su habilitación como Aduana Real en 1844.

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Monumento “Despedida del Pescador” en la Plaza de la Constitución de Santa Pola, junto a la Lonja; del escultor español Constantino Unghetti / Redes de pesca en el puerto tras la llegada de los barcos desde la Bahía

Junto al puerto, la Lonja de Santa Pola, que sirve cada día el pescado y marisco recién capturado a restaurantes, supermercados y a todo aquel que quiera disfrutarlo. Esta villa pesquera que ha visto como el turismo ha ido sustituyendo al mar como principal elemento de sustento de sus ciudadanos –sobre todo en la segunda mitad del siglo XX- no pierde, sin embargo, un ápice de tradición y calidad en sus costumbres. Con una gastronomía que emerge directamente de la bahía, sus arroces de pescado – arroz a banda, arroz negro o “arrós i gatet”-, su gazpacho de mero, el “bollitori de rap” o blanquillo, y el ya famoso caldero, promocionan la calidad de su pescado fresco en cada rincón del municipio.

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Pescado y marisco de los puestos de la Lonja de Santa Pola

En la Cofradía de los Pescadores, junto a la lonja, tienen muy claro que ofrecer pescado procedente de la Bahía de Santa Pola es garantía de pescado y marisco de calidad: “tenemos una de las flotas pesqueras más importantes del Mediterráneo, somos pescadores de nacimiento, generación tras generación desde hace cientos de años. La pesca ha sacado adelante a este pueblo, a todas las familias, incluso hoy que vivimos mucho del turismo ya que el turismo de Santa Pola también es su gastronomía”. Recientemente se ha emprendido una campaña comercial con la etiqueta “Peix de Santa Pola” cuyo logotipo acreditará la denominación de origen del pescado de esta bahía.

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Detalle de la puerta de la Cofradía de los Pescadores de Santa Pola, situada en la Calle del Muelle junto al puerto y la Lonja / Etiqueta distintiva de los productos procedentes de la Bahía de Santa Pola

Continuamos con nuestra ruta cultural adentrándonos un poco más en el pueblo, dejamos de lado el puerto y las factorías comerciales íberas y romanas para toparnos con el Castillo-Fortaleza militar del siglo XVI, que formaba parte del “Plan para la defensa de costas del Reino de Valencia”. Y estos edificios no tenían poca importancia en la época, ya que los ataques de los berberiscos estaban a la orden del día en las costas levantinas, donde la piratería se controlaba con largas líneas de defensa constituidas por fortalezas y torres vigía. Actualmente, y tras diferentes usos a lo largo de los años, el Castillo-Fortaleza es un Centro Cultural que alberga el patio de armas del propio castillo, el Museo del Mar, el Museo de la Pesca, una sala de exposiciones y la Capilla de la Virgen del Loreto, patrona de Santa Pola.

Siguiendo con esta línea defensiva abandonamos el pueblo y subimos notablemente sobre el nivel del mar para situarnos en uno de los puntos -junto con el Faro en el Cabo de Santa Pola- de mayor potencia visual de la zona. Se trata de la Torre Escaletes o Torre i Pep, conocida popularmente como “la torre del moro”. Desde esta torre vigía en lo alto de la Sierra de Santa Pola se atendía con especial interés los movimientos marítimos en el entorno de la cercana isla de Tabarca, algo que desde allí no deja pie a ninguna duda teniendo en cuenta el control visual de la zona.

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Torre Vigía “Escaletes”, Sierra del Cabo de Santa Pola

Tanto su entorno espectacular como sus vistas convierten el Cabo de Santa Pola y la Torre Escaletes en una visita perfecta para excursiones en familia, salidas fotográficas o rutas de senderismo y en bici, desde donde en días claros podrás vislumbrar la costa desde el norte alicantino hasta Torrevieja.

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Torre Escaletes y entorno, preparado para rutas a pie y en bicicleta. Sierra del Cabo de Santa Pola

Si continuamos por la sierra del Cabo de Santa Pola, otra parada obligada en nuestra ruta cultural es el Faro. También fue una torre vigía, de la que hoy nada se conserva más que el entorno que justifica con creces que se erigiera como punto estratégico de defensa. Visitar el Faro de Santa Pola es casi abandonar la civilización. Nos introducimos en el camino del Faro, una larga carretera que parece interminable y sin embargo no aburre, dado el fantástico entorno vegetal que nos acompaña durante todo el trayecto.

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Camino del Faro. Acceso por la carretera N-332 entre Gran Alacant y Santa Pola

Y es que no nos encontramos en cualquier sitio, ya que no sólo hay que destacar que su pico es un vértice geodésico de primer orden (punto señalizado que indica una posición geográfica exacta), sino que además pisamos un “arrecife fósil” del litoral de época mio-pliocénica, uno de los pocos ejemplos del Mediterráneo y el único de Europa. Este arrecife formado por restos de corales alberga el Faro que, abrigado por los pinos de la sierra, da luz desde 1858 a los barcos que navegan las noches alicantinas. Un acantilado de gran biodiversidad desde el que también podrás disfrutar de espectaculares panorámicas de las calas de Santa Pola o la Isla de Tabarca.

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Faro del Cabo de Santa Pola: Latitud 38º12’6N- Longitud 0º30’8W- Elevación 152 m / Vistas de la Isla de Tabarca desde el Faro

Y por último, despedimos este día de turismo cultural en el pueblo levantino y para ello, no podemos perdernos uno de los atardeceres más asombrosos de la zona, el de la playa del Tamarit. Nos situamos en otra de las torres vigía, localizada en el Parque Natural de las Salinas de Santa Pola, un humedal de casi 2500 hectáreas de gran riqueza faunística.

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Torre del Tamarit, Parque Natural de las Salinas de Santa Pola. Acceso por la carretera N-332 (dirección Guardamar desde Santa Pola) con parada en un vial de servicio alrededor del km-83

Tal y como explica Ana Juan Montero, Licenciada en Ciencias Ambientales y que ha participado como educadora ambiental en la zona, “es en realidad la extracción de la sal la que ha configurado este entorno y, por lo tanto, la que ha creado el ecosistema de las salinas tal y como lo conservamos hoy”. La actividad económica de la extracción de sal consiste en hacer recorrer al flujo de agua marina un circuito de balsas a través del cual, gracias a la evaporación del agua, se va consiguiendo una concentración específica de sal óptima para su extracción.

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Sal de una zona seca de las Salinas de Santa Pola

“Esto sucede durante todo el año, y mientras algunas balsas permanecen secas en algunos meses, la mayoría están inundadas constantemente, asegurando la afluencia de muchas aves”. Así los grupos faunísticos y las formaciones vegetales se van distribuyendo dependiendo del grado de salinidad de cada balsa y de su profundidad a lo largo de todo el espacio de las salinas, donde destacan especies como los flamencos, avocetas, cigüeñuelas, charrancitos, tarros blancos, cercetas, patos, fochas y por supuesto, las gaviotas, presentes en el ideario marinero a lo largo y ancho del mundo.

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Atardecer en la Torre del Tamarit, Salinas de Santa Pola

“En las Salinas de Santa Pola se comprueba cómo puede existir un equilibrio entre un aprovechamiento del medio por parte del hombre y la conservación de un paraje natural” nos recuerda la educadora ambiental, “en lo que hoy se considera Zona de Especial Importancia para las Aves”.

Cabe destacar, además, que en marzo de 2014 el Parque Natural de las Salinas de Santa Pola fue designado como “Parque Natural del mes” por parte de la Consellería de Medio Ambiente en una iniciativa que pretende dar a conocer el patrimonio natural y cultural de los espacios protegidos de nuestra geografía, creando un nuevo atractivo para el turismo cultural y ecológico de la zona.

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Atardecer en las Salinas de Santa Pola

Desde Ruta 96 esperamos haberte acercado un poco más al patrimonio cultural y natural de Santa Pola con esta ruta, un tesoro al alcance de todos que alberga una gran variedad de riqueza histórica y medio ambiental, en lo que podría conformarse como enorme museo etnográfico en el que conviven el entorno y la sociedad en un equilibrio perfecto del que poder disfrutar todos.

Sólo podemos invitarte a que disfrutes de este municipio singular, de su herencia íbera y romana, de su mar y de su sal; acércate a la tradición de sus gentes con la pesca y la gastronomía, y rodéate de parajes naturales de ensueño en una ruta cultural que a nadie dejará indiferente.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASusana Soler B.

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