Elche no necesita estrella

Es 5 de enero y por años que tengas, esta noche todos somos partícipes de una magia común: ¡ya vienen los reyes! En las ciudades españolas la tarde de hoy se llena con la emoción y el nerviosismo de miles de niños que esperan ansiosos las cabalgatas de los Reyes Magos. Pero hay una ciudad en nuestra provincia que tras dicha cabalgata vive un fenómeno especial…

Nos encontramos en Elche, el oasis mediterráneo de la provincia alicantina, y su noche de reyes tiene aires de palmera. No podía ser de otra forma teniendo en cuenta que estamos en la sede del Palmeral, que con más de 200.000 ejemplares es el más grande de Europa, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. Y es que la vida ilicitana gira en torno a estos altísimos ejemplares de corona estrellada, con sus dátiles, sus palmas, y en este caso, sus ‘sedassos’.

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Cuenta la tradición que para celebrar el solsticio de invierno en diferentes lugares en torno al Mediterráneo, los pueblos encendían fuegos por el renacimiento de la luz solar. Esta costumbre, transformada aquí con los años, adquirió un nuevo significado, ya que en Elche son los niños los que encienden fuegos para guiar a los Reyes Magos de Oriente, portadores de juguetes e ilusiones. ¿Cómo lo consiguen?

Tratándose de una tradición popular ilicitana no había mejor lugar al que acudir que el Museo Escolar de Pusol, que desde 1969 conserva viva la cultura de la ciudad recuperando objetos y exponiéndolos con una clara función pedagógica. Allí nos explican qué son las hachas o “les atxes” de reyes: unas antorchas hechas a partir de los cedazos o fibras vegetales de las palmeras, que enrolladas envolviendo palmas secas, se atan formando una larga tea que se enciende en su extremo superior y que los niños van girando para que no se apague.

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El objetivo de mantener las hachas encendidas no era otro que guiar a los Reyes Magos hasta aquellas casas donde había niños y, por lo tanto, tenían que parar para dejar juguetes. Tal y como nos explican en el Museo de Pusol, “es una tradición que en el mundo rural en el que nace tiene mucho más sentido. Las casas estaban muy dispersas entre los huertos, y la iluminación de las calles de la ciudad no era tal en el campo. De esta forma los niños giraban sus ‘atxes’ en los caminos y las puertas de sus hogares para que los Reyes Magos supieran que allí también tenían que dejar regalos”.

Antiguamente ‘les atxes’ las hacían las propias gentes para los niños de sus familias, saliendo a por palmas secas y cedazos y confeccionándolas en casa. Más tarde fue también costumbre que fueran los padrinos los que regalaban estas hachas a sus ahijados. Cuando esta actividad se difundió a toda la ciudad, la producción también se concentró en manos de algunas familias de palmereros.

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A pesar de que este hábito se perdió durante varias décadas, en los últimos años se está recuperando poco a poco. Es por ello que en las vísperas del 6 de enero se concentran en algunos puntos de la ciudad los mercadillos de hachas, sobre todo en la plaza del Ayuntamiento, conocida como Plaça de Baix. Hoy son los padres y los abuelos los que compran ‘les atxes’ a los niños en los principales puestos. Elche pretende así recuperar una parte de su historia cuyo pequeño renacer se enfrenta a la crisis económica. Eso es lo que nos cuenta Antonio Guirau, uno de los propietarios de puestos que lleva ya 9 años vendiendo ‘les atxes’ en la ciudad ilicitana. Las ventas aumentan año tras año, pero de manera lenta y progresiva, “los mayores conocen perfectamente esta tradición, pero además de la crisis, hay mucho desconocimiento por parte de la gente joven, que todavía se acerca y pregunta qué son las hachas”.

A pesar de la crisis, de la pérdida de las costumbres y de la lenta recuperación de esta curiosa práctica, esta noche Elche vivirá su peculiar amanecer invernal, como nos explica Magdalena Guirau, vendedora de hachas, ya que “al margen de la crisis, sí que se nota un creciente uso de este hábito navideño, y cada año se observa más cómo en diferentes puntos de Elche ya se reúnen grupos de niños para encender las hachas, como en la Plaza Mayor del Raval o en la Plaza del Congreso Eucarístico”.

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Así que no os podéis perder la noche de reyes ilicitana, ya que al finalizar la cabalgata, los niños encenderán sus palmas secas y con sus carreras y giros guiarán a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente que, montados en sus camellos y junto a sus pajes y ayudantes milenarios, verán el camino alumbrado con sonrisas, ilusiones y cómo no, ‘les atxes’.

Museo Escolar de Pusol

Este museo nace en el último tercio del siglo XX como un proyecto de recuperación de la vida rural de Elche que estaba viendo cómo los antiguos oficios y tradiciones se perdían poco a poco. Para recuperar la cultura del campo, empezaron a recopilar objetos con la colaboración de la sociedad, viendo cómo su actividad ha ido aumentando cada vez más hasta convertirse en un lugar de referencia no sólo de la cultura rural ilicitana, sino de toda su historia.

El museo, que además está vinculado al Colegio de Pusol y que integra su filosofía pedagógica de recuperación de la cultura en el proyecto educativo que conforma, se convierte en todo un viaje al pasado y los recuerdos de una ciudad que, gracias a ellos, sigue viva en la memoria y, sobre todo, en sus objetos.

El Palmeral de Elche

Un bosque de palmeras que, en realidad, no lo es. Ubicado dentro del casco urbano de Elche, data del siglo X, cuando los árabes levantaron su ciudad. A pesar de su frondosidad, este palmeral es en realidad un sistema de cultivo andalusí, algo que se adivina en una vista aérea, donde las cuadrículas de palmeras se distinguen a la perfección.

La estructura reticular de sus huertos protegía los cultivos asociados a estas palmeras, que los cubrían como grandes sombrillas, además de ofrecer dátiles frescos y otros usos de sus ramas y su madera. La palmera, árbol de la vida para árabes y caldeos, es en Elche elemento universal. Declarada Patrimonio de la Humanidad y destino de miles de turistas cada año, se ve ahora amenazada por el picudo rojo, un escarabajo que pone sus huevos dentro del tronco y que al eclosionar, las larvas resultantes se alimentan del tallo interior hasta matar al ejemplar que habitan, poniendo en peligro este enorme oasis patrimonial.

Belén Viviente

Este recién acabado año 2013 ha vivido la 30ª edición del Belén Viviente, organizado por la Asociación Histórico- Artística “Pobladores de Elche”, y que llegó a recibir hasta 55.000 visitas en 2012. Ubicado entre el Palacio de Altamira y el MAHE (Museo Arqueológico y de Historia de Elche), recrea una calle de Belén donde ¡hasta los animales están vivos!

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